WAYUU

La cultura Wayuu se rige por normas de carácter consuetudinario, basado en el valor de la palabra (pütchi`i) como medio para llegar a una conciliación en caso de
Cualquier conflicto que se presente dentro de la comunidad; estas normas son aplicadas por las personas más sabias entre los tíos maternos (alaülayü),y que poseen experiencia en la resolución de problemas como los ancianos (laülayü). Por lo cual estas dos cualidades las asume el palabrero, (pütchipü).
El pueblo Wayuu habita gran parte del Departamento de la Guajira y parte del territorio fronterizo con Venezuela, es importante destacar que el territorio ancestral conocido con el nombre de “GUAJIRA” palabra que deriva de la lengua nativa (WAIRA’A) que traducido al español significa: “AMIGO”, cualidad que caracteriza a los wayuu por medio de su hospitalidad con personas que llegan a su ranchería y se sientan debajo de sus enramadas (LÚ’ÚMA), implica un significativo comienzo de lo que es la esencia de las normas que rigen la vida comunitaria de esta cultura.
Por otro lado los procesos históricos que les ha correspondido vivir han caracterizado una especial forma de vida, ligada a la naturaleza y sobre todo al territorio que tanto significado guarda, pues el mundo wayuu se circunscribe al territorio, además de ser un legado de sus antepasados, es su madre tierra (MA’A) quien celosamente protege a sus hijos y cuando mueren los acoge en su seno y de esta forma marca y divide el territorio de cada clan (E’IRÚKU’U).
El territorio es de suma importancia para los wayuu porque es donde descansan los restos de sus antepasados, quienes al morir le delegan a la persona más sabia (ALA´ULAÁ) del clan la autoridad de gobernar ese lugar. De esta manera la comunidad wayuu comienza a regirse por unos principios para mantener la armonía entre todos los clanes que hacen parte de esta cultura. Los wayuu tienen un sentido colectivo del beneficio y del daño, encaminado a preservar la unidad de la familia y de todos los clanes. Si alguien cocina un chivo el banquete es para todos, y si se enferma, todos tienen que ayudarlo a costear la enfermedad. En grupo deben pagar, además, las faltas graves de sus miembros que pongan en peligro la convivencia del clan con el resto de la sociedad. A partir de esta manera de concebir una forma de vida, se hizo necesario la guía de alguien sabio y con el don de fomentar las buenas costumbres y quien fuera respetado por todos como autoridad, esta persona comúnmente llamado palabrero (PUTCHIPUÚ) que deriva de la palabra (PÚTCHI’I)que significa (PALABRA), puesto que las normas de la cultura wayuu no están escritas sino que se fundamentan en la palabra, que dentro de la cultura tiene mucha validez.
Pues bien, esta comunidad por el derecho consuetudinario o costumbre jurídica para otros, que es un conjunto de normas de tipo tradicional con valor cultural, no escritas ni codificadas, que están perpetradas en el tiempo y que son transmitidas oralmente a los miembros de la comunidad para luego ser compartidas y aplicadas al grupo social, como es el caso de este pueblo. Es tan esencial a los mismos que si se destierra se pierde su identidad como pueblo.
El sistema normativo Wayuu es el conjunto de principios, procedimientos y ritos que regulan o guían la conducto social y espiritual de los miembros del pueblo Wayuu. Su aplicación social se hace efectiva a través de la institución moral, social y cultural del (PÚTCHI´IPUÍ), quien también se conoce con el nombre de Palabrero. En función de preservar los principios vitales de los individuos, el Pütchipü´üi actúa como agente de control social para la aplicación de justicia, recreando la palabra y el saber ancestral que integra los fundamentos de vida espiritual, mitológica y social de la nación Wayuu.
El Palabrero se reconoce desde un momento antiguo, donde el acto de soñar se transformó en fórmula elemental para descubrir y recrear los vínculos espirituales del individuo con los elementos míticos y sociales. Entre los Wayuu la fuerza del sueño revela el misterio de los antiguos alientos de vida que integran el entorno natural. En el contexto cultural se interpreta la vida dentro de un ámbito natural y otro de carácter religioso y sobrenatural, donde se establecen como causas de su propia negación la alteración de las relaciones armónicas de los individuos con los espíritus activos de la naturaleza. La vida cotidiana está impregnada de relaciones productivas y prácticas rituales y artísticas, que se orientan para conservar la armonía con la naturaleza.
En cierto modo se considera que los principios de correspondencia con el entorno natural afectan a determinados componentes de la unidad biológica, social y cultural del individuo. Bajo el concepto de correspondencia se reafirman las normas tradicionales, que conservan los derechos de los individuos y las entidades responsables de conservar el orden natural en los territorios ancestrales.
Desde el punto de vista mitológico el Palabrero está asociado a determinadas especias de la fauna silvestre, las cuales presentan como características especiales ciertas excentricidades en sus cantos o aullidos armónicos, que se interpretan como un despliegue para establecer armonías y correspondencias con la naturaleza. Según el origen mítico, inicialmente fue asociado al Ala ´ala, especie de primate, conocido con el nombre de mico aullador. Posteriormente se reconoce al pájaro Utta como el ave primigenia, que fue capaz de establecer los primeros preceptos de armonía social entre los Wayúu. En la dinámica cultural también se reconocen a otras especies de aves, tales como el Wa´akawai (halcón macagua), el Püsichi (murciélago) y el pájaro Aliruashi, que aparecen en los relatos mitológicos como legítimos legisladores, que han sido llamados a sentar los criterios propios del Sistema Normativo Wayúu. De este modo se produce la significación de los valores que afianzan las facultades especiales de las autoridades tradicionales y se instituyen las normas rituales de convivencia social y espiritual.
En la organización social Wayúu se reconoce la institución de los Alaülayuu, reconocidos como legítimas autoridades tradicionales, que a partir de la condición de Alaülaa (tío materno) y el despliegue del carácter sensato de un Laülaa (persona adulta mayor), ejercen la autoridad en el seno de su grupo familiar. Un tío materno ejerce el mando y la representación de la familia, asumiendo muchas de las funciones y obligaciones socioeconómicas que corresponden socialmente a un padre. En consecuencia, asume la responsabilidad de proteger los bienes e intereses familiares, promoviendo los buenos comportamientos en los sobrinos o hijos de sus hermanas. Dentro de estas funciones está el de interpelar ante los actos censurables que atentan contra la dignidad de la familia, así como responder por las acciones imprudentes que se cometen a individuos de otras familias, sobre todo, cuando se afectan las buenas relaciones con otros clanes de la comunidad.
Como líder natural de la familia, el Alaülaa está forzado a presidir las negociaciones interfamiliares y dirimir los conflictos que se presenten con otros clanes; a él se acude inmediatamente para concertar en nombre de todo el clan familiar. Su importancia en la familia consiste no solamente en su función política y de control intrafamiliar, sino también en su capacidad para mantener el bienestar social en la comunidad. A través de esta función en la familia y sus capacidades en la gestión y resolución de conflictos puede alcanzar, en suma consecuencia, el rango de Alaülayuu o autoridad tradicional, en el que asume una mayor responsabilidad como representante legal de toda una comunidad. Durante este oficio adquiere cierta autonomía para realizar labores en coordinación y organización social, donde su autoridad se restringe solamente a la zona ocupada por su comunidad. De acuerdo a estas facultades en la gestión comunitaria, el Alaülayuu puede obtener el amplio reconocimiento de la colectividad, logrando abarcar otras dimensiones sociales que lo llevan a ejercer cierto liderazgo, que bien puede ser en condición de Pütcheejana (mensajero tradicional), o Pütchipü´üi (palabrero tradicional).
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Tomado
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